Página inicial

Como atiçar a brasa

 


julho 2021
Dom Seg Ter Qua Qui Sex Sab
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31
Pesquise em
Como atiçar a brasa:
Arquivos:
junho 2021
abril 2021
março 2021
dezembro 2020
outubro 2020
setembro 2020
julho 2020
junho 2020
maio 2020
abril 2020
março 2020
fevereiro 2020
janeiro 2020
novembro 2019
outubro 2019
setembro 2019
agosto 2019
julho 2019
junho 2019
maio 2019
abril 2019
março 2019
fevereiro 2019
janeiro 2019
dezembro 2018
novembro 2018
outubro 2018
setembro 2018
agosto 2018
julho 2018
junho 2018
maio 2018
abril 2018
março 2018
fevereiro 2018
janeiro 2018
dezembro 2017
novembro 2017
outubro 2017
setembro 2017
agosto 2017
julho 2017
junho 2017
maio 2017
abril 2017
março 2017
fevereiro 2017
janeiro 2017
dezembro 2016
novembro 2016
outubro 2016
setembro 2016
agosto 2016
julho 2016
junho 2016
maio 2016
abril 2016
março 2016
fevereiro 2016
janeiro 2016
novembro 2015
outubro 2015
setembro 2015
agosto 2015
julho 2015
junho 2015
maio 2015
abril 2015
março 2015
fevereiro 2015
dezembro 2014
novembro 2014
outubro 2014
setembro 2014
agosto 2014
julho 2014
junho 2014
maio 2014
abril 2014
março 2014
fevereiro 2014
janeiro 2014
dezembro 2013
novembro 2013
outubro 2013
setembro 2013
agosto 2013
julho 2013
junho 2013
maio 2013
abril 2013
março 2013
fevereiro 2013
janeiro 2013
dezembro 2012
novembro 2012
outubro 2012
setembro 2012
agosto 2012
julho 2012
junho 2012
maio 2012
abril 2012
março 2012
fevereiro 2012
janeiro 2012
dezembro 2011
novembro 2011
outubro 2011
setembro 2011
agosto 2011
julho 2011
junho 2011
maio 2011
abril 2011
março 2011
fevereiro 2011
janeiro 2011
dezembro 2010
novembro 2010
outubro 2010
setembro 2010
agosto 2010
julho 2010
junho 2010
maio 2010
abril 2010
março 2010
fevereiro 2010
janeiro 2010
dezembro 2009
novembro 2009
outubro 2009
setembro 2009
agosto 2009
julho 2009
junho 2009
maio 2009
abril 2009
março 2009
fevereiro 2009
janeiro 2009
dezembro 2008
novembro 2008
outubro 2008
setembro 2008
agosto 2008
julho 2008
junho 2008
maio 2008
abril 2008
março 2008
fevereiro 2008
janeiro 2008
dezembro 2007
novembro 2007
outubro 2007
setembro 2007
agosto 2007
julho 2007
junho 2007
maio 2007
abril 2007
março 2007
fevereiro 2007
janeiro 2007
dezembro 2006
novembro 2006
outubro 2006
setembro 2006
agosto 2006
julho 2006
junho 2006
maio 2006
abril 2006
março 2006
fevereiro 2006
janeiro 2006
dezembro 2005
novembro 2005
outubro 2005
setembro 2005
julho 2005
junho 2005
maio 2005
abril 2005
fevereiro 2005
janeiro 2005
dezembro 2004
novembro 2004
outubro 2004
setembro 2004
agosto 2004
julho 2004
junho 2004
maio 2004
As últimas:
 

fevereiro 17, 2017

Arte precario: ¿De qué viven los artistas y comisarios jóvenes? por Abraham Rivera, eldiario.es

Arte precario: ¿De qué viven los artistas y comisarios jóvenes?

Artigo de Abraham Rivera originalmente publicado no jornal El Diario em 14 de fevereiro de 2017.

Rondan la treintena y reivindican mejoras dentro de su profesión, en un sector en el que cada vez hay más prácticas abusivas

Ni totalmente consagrados, ni radicalmente emergentes. Rondan la treintena y reivindican mejoras dentro de su profesión, agobiados por la precarización de un sector que adopta, cada vez más, prácticas abusivas. La mayoría han trabajado en el extranjero -muchos de ellos se encuentran viviendo fuera-, venden en ferias, protagonizan exposiciones individuales, ganan reputados premios y, sin embargo, no encuentran la tan demandada estabilidad económica.

Esta semana se presenta en el Campus Nebrija Madrid-Princesa el exhaustivo estudio La actividad económica de los/las artistas en España, coordinado por los profesores Isidro López-Aparicio (Universidad de Granada) y Marta Pérez (Universidad Antonio de Nebrija). La investigación recoge los testimonios de 1.100 creadores, no solo jóvenes. Pero, igualmente, el paisaje que describe es desolador: "Más del 45% de los artistas afirma que sus ingresos totales anuales, ya sea por actividades artísticas o de otra índole, se sitúa por debajo de los 8.000 euros, es decir, por debajo del salario mínimo interprofesional en España. De esos ingresos, los que proceden del arte llegan al 20%".


A las puertas de ARCO y con dos muestras de referencia recién inauguradas en Madrid ( Generaciones y Circuitos), hablamos con un grupo de comisarios y artistas sobre presente y futuro del mundo del arte. ¿Es posible vivir de ello?

Malas Prácticas

El caso de Alfredo Aracil (1984), responsable de Proyectos durante cinco años en LABoral, y a la vez falso autónomo, se convirtió durante la época de la crisis en una práctica habitual en muchas instituciones. "Son personas que acuden a un lugar de trabajo, fichan, firman, tienen encomendadas tareas concretas e incluso de cierta responsabilidad, pero son situadas al margen de cualquier convenio y han de pagarse su propia Seguridad Social", contaba José Manuel Costa en este mismo medio. Aracil dejó el trabajo hace un año y denunció; ahora se encuentra a la espera de juicio.

"El mundo del arte puede estar inspirando al último capitalismo, sobre todo en lo que tiene que ver con lo dóciles que somos los productores culturales, que no conocemos sindicatos", señala. "Tampoco ponemos ninguna pega a no tener vacaciones, no tener una jornada laboral reglada, cambiar de domicilio cada poco tiempo y, para colmo, estar dispuestos a ofrecer nuestros conocimientos como capital".

El trabajador asturiano se rehizo del daño tras abandonar el cargo y durante 2016 comisarió dos exposiciones, programó un ciclo de cine y estuvo preparando la muestra Apuntes para una psiquiatría destructiva, que se inaugurará a mediados de marzo en la Sala de Arte Joven de Avenida de América. Sin embargo, sigue pensando que la precariedad es la tónica general y que "no puedes hacer planes a dos años vista".

Regina de Miguel (1979) vive en Berlín desde hace siete años. Ella ha sido una de las seleccionadas en Itinerarios 2017, la beca que la Fundación Botín otorga a ocho reconocidos creadores cada temporada y gracias a la que ha financiado la producción de una película que se podrá ver a partir del 18 de febrero.

La artista malagueña, que también expuso en 2016 en Berlín, Gijón, Madrid, Lisboa y Bogotá, insiste en que es francamente complicado vivir del arte. Todo al final "pasa por la autoexplotación, la precariedad máxima y la desigualdad con respecto a las instituciones que no respetan pactos acordados o plazos de pago".

"Las condiciones conllevan la precarización a todos los niveles", valora Oriol Fontdevila (1978), miembro del equipo de Sala d'Art Jove de la Generalitat de Catalunya. "No solo económico, sino que la calidad del trabajo se puede ver mermada por las dinámicas de multiplicación de actividad a las que nos tenemos que someter por mera supervivencia".

Si a esto le sumamos la total incomprensión de la administración, tenemos una bomba de relojería que de vez en cuando estalla y se presenta en forma de inspecciones. De Miguel relata como el ir y venir de diferentes cantidades de dinero en su cuenta, destinadas a producción, son el caldo de cultivo para "acabar teniendo una inspección de trabajo que se pregunte qué quiere decir esa beca" fruto "de una mala formulación de esas ayudas" y "una fuerte desconfianza hacia la actividad del artista".

Curriculum vs. pagar la luz

"Hay una idea instalada por la cual parece más importante aumentar tu curriculum que pagar la factura de la luz", cuenta el artista Julián Cruz (1989), editor de una de las publicaciones más interesantes que existen en español: Nudo. "Los artistas tienen que competir entre ellos por reconocimientos que, en la mayoría de las ocasiones, son simbólicos y que no suelen sacarles de su pobreza".

Rubén Rodrigo (1980) fue uno de los seleccionados en la última convocatoria de Ayudas a la Creación Visual de VEGAP, dotado con 7.000 euros para producción de obra en la categoría Artes Plásticas. ¿Cuál es su opinión en que el premio solo implique la realización de obra? "Es una cuantía generosa y ellos buscan la excelencia en el proyecto. Si esa cantidad al final la destinara a pagar el alquiler de mi casa y la comida, no me quedaría nada para trabajar".

Por su parte, el pintor José Díaz (1981), que en 2016 celebró su segunda exposición individual en la galería The Goma, habla de la falta de medios para vivir dentro del arte contemporáneo. "Básicamente hay dos vías, una como artista de galería que sobrevivirá en la medida en que haga ventas. Pero, lamentablemente, España no cuenta con demasiados coleccionistas como para hacerlo sostenible y peor aún, no contamos demasiado fuera como para exportar", mientras que la segunda sería dentro del mundo de la institución, que permite prosperar unos contados años mediante becas y subvenciones.

La comisaria Carolina Jiménez (1983), una de las tres ganadoras en 2016 de Inéditos, la convocatoria de La Casa Encendida que fomenta la inserción de los jóvenes comisarios en los circuitos profesionales, también es muy dura con el papel de las instituciones y su uso del dinero público. "Artistas que jamás imaginarías por su renombre y trayectoria lo pasan realmente mal para pagar el alquiler", revela sobre una situación que ya se ha hecho frecuente.

"Hoy en día un artista tiene que trabajar tanto hacia dentro como hacia afuera", enuncia Cristina Garrido (1986), quien durante el año pasado recibió dos becas de residencia en el extranjero. La artista madrileña, cuya obra gira alrededor de la crítica institucional, sostiene "que nuestro contexto beneficia al creador muy joven (becas, certámenes). Pero no existe una estructura en la que instituciones, agentes y coleccionistas colaboren para generar un contexto artístico rico y sostenible".

Jiménez, que acaba de mudarse a Barcelona, aunque sigue viviendo a distancia de su trabajo en Berlín, desmonta el supuesto interés de los premios: "En primer lugar por su propio carácter individual y puntual, que no produce retorno en el tejido artístico y, en segundo lugar, por sus modalidades, que hacen que tampoco reviertan en la carrera de los propios premiados, al margen de la difusión mediática que genera el anuncio del premio". Y llama la atención sobre los auténticos beneficiarios del "tinglado no artístico": empresas de montaje, catering, agencias de viaje, etc.

España es un país de fachadas

"Tenemos medios, pero a medias", cuenta un crítico Guillermo Mora (1980), que en 2016 ha tenido una exposición individual en el Centre d'Art La Panera (Lleida) y dos exposiciones colectivas organizadas por DKV, en el Museo Lázaro Galdiano y en el MUPAM de Málaga. "España es como imaginar un engranaje mecánico con piezas exquisitamente terminadas, pero sin carburante que las mueva. Cuando hablo de carburante hablo de dinero, que al fin y al cabo es lo que mueve el engranaje".

La escasez es la nota dominante en un país donde importa más el envoltorio que el contenido. "Disponemos de museos y espacios envidiables, que quieren programar, pero que no pueden implicarse en las producciones porque no disponen de dinero. Muchos proyectos no se llevan a cabo por este motivo", destaca Mora, que viajó el año pasado a Nueva York gracias a una residencia en ISCP. "Y por otro lado tampoco existe un mercado privado fuerte que apoye y sustente las producciones y carreras artísticas", remata.

El madrileño Santiago Giralda (1980), que ganó Generación 2013 y este año ha sido becado por la Academia de España en Roma, denuncia que “el artista está muy desamparado. Las cuotas de autónomos son muy elevadas para alguien que no tiene ingresos fijos. El IVA tampoco es equiparable con el de otros países y, si existiera, la Ley de Mecenazgo sería fundamental”.

La cineasta Ana Esteve Reig (1986), además de desarrollar una importante carrera como creadora -el año pasado participó dentro del festival Márgenes con El Documental de Dalila y fue seleccionada para la edición de Circuitos 2017-, también da clases de videoarte en la Universidad Nebrija. La actividad docente junto a otro tipo de trabajos alimenticios, como la edición de vídeos, hacen que su punto de vista sea más crítico. "Existen becas y premios, pero es muy difícil sostenerse solo a base de concursos", asegura. "Hasta ahora, yo no he encontrado el modo de seguir produciendo sin dejar de tener otro tipo de trabajos".

Es prácticamente imposible vivir del arte. De hecho, la mayoría de los artistas, algunos muy conocidos y con carreras muy amplias, subsisten con otros trabajos; el más común de ellos es la enseñanza.
Lo que le pasa a Reig, de 30 años, también le ocurre a artistas más veteranos. Pepo Salazar (1972), uno de los elegidos para representar a España en la última Biennale di Venezia y cuya obra se pudo ver el año pasado en galerías y museos de Nueva York, París, Amsterdam, Colonia, Barcelona, Madrid o Vitoria-Gasteiz, apostilla que "es prácticamente imposible vivir del arte. De hecho, la mayoría de los artistas, algunos muy conocidos y con carreras muy amplias, subsisten con otros trabajos; el más común de ellos es la enseñanza". Salazar habla por experiencia. Durante veinte años, desde 1992 hasta 2011, compaginó su labor artística con el cargo de director creativo para series de animación.

Un último ejemplo: Matadero es uno de los principales contenedores de arte contemporáneo del Ayuntamiento de Madrid. Vanesa Viloria (1979) estuvo alternando contratos temporales como programadora y coordinadora de proyectos dentro de la institución de 2011 a 2015. A pesar de la inestabilidad del sector, explica que hace pocas semanas rechazó una oferta de trabajo que le proponía llevar la producción de un conocido festival de la Comunidad de Madrid, "porque la propuesta económica que hacía la empresa adjudicataria estaba escandalosamente por debajo de los precios de mercado".

Viloria incide en los procesos de selección de estas empresas y los leoninos pliegues de condiciones. "Cuando en unos pliegos de condiciones se premia la oferta económica más baja, sin proteger los salarios de los trabajadores y sin tener previsto ningún mecanismo que evalúe la eficiencia del proyecto, además de poner en riesgo la solvencia económica de las personas y la calidad de las propuestas culturales, contribuyes al empobrecimiento de la cultura", concluye esta productora cultural, que desde enero de 2016 colabora con el Área de Cultura de Podemos. Parece que vivir del arte se ha convertido, más que nunca, en una actividad de riesgo.

Posted by Patricia Canetti at 4:01 PM

Can Only Rich Kids Afford to Work in the Art World? by Anna Louie Sussman, Artsy

Can Only Rich Kids Afford to Work in the Art World?

Editorial de Anna Louie Sussman originalmente publicado no Artsy em 14 de fevereiro de 2017.

Naiomy Guerrero, 26, goes to at least a dozen art events a month; more during the art world’s busy fall season. She’s worked for several high-profile arts nonprofits, artist studios, and galleries, and began her master’s degree in art history.

But around two years ago, she left her job in the art world. Guerrero hasn’t lost her passion for the arts, and still blogs about art at GalleryGirl.nyc. But as the daughter of two immigrant parents, she chose financial stability. She now works as a financial aid counselor, earning over 50% more than she did at her most recent arts-related job.

“I grew up poor, and I never want to be poor again,” she says, even if “that means not working in the art world because there isn’t a stable enough position.”

Unlike some of her peers, Guerrero wasn’t able to fall back on a crucial resource: help from Mom and Dad. A recent report in the New York Times showed 22-, 23-, and 24-year-olds aspiring to work art and design are the most likely to receive financial assistance from their parents, with 53% reporting some help, compared with 40% of twenty-somethings overall. They also received the most money, an average of $3,600 a year, compared with an average of $3,000 for their peers in other fields.

While it’s hardly headline news that creative fields aren’t the most lucrative, the finding highlights the largely invisible role of class in the art world, at a time when efforts around gender and racial inclusion have become increasingly commonplace. It also points to some of the challenges in bringing economic diversity to a liberal-leaning industry that values humanism and resourcefulness, but also relies on the ability to engage and feel comfortable with deep-pocketed collectors.

It also highlights how, in some ways, the art world plays by its own economic rules. Many industries across the economy are making active efforts to diversify their workforces, driven by research showing that diversity is correlated with better economic performance. But key segments of the art market are built upon the spending habits, philanthropy, and social networks of the ultra-wealthy, a feature of the commercial art world that appears to immunize it against this workforce trend. Thanks to its structural dependence on a small group of high-net-worth collectors and donors, hiring in some quarters of art world tends to favor those with the right connections and similar frames of reference.

Of course, it’s not every part of the art world. A number of institutions across New York are taking steps to help bring down the barriers to a career in the arts, by providing paid internships or building affordable housing for artists. But the barriers arise early on. Guerrero, for example, was born and partially raised in New York (she also spent time in the Dominican Republic), but didn’t visit an art gallery until after her first year of college.

“I had no idea the cultural and artistic mecca that New York City was, because for me, in the Bronx, that didn’t exist,” she says.

Then there’s the cost of education. Undergraduate tuition at a private arts school is expensive, and scholarships are less common than at wealthier universities with large endowments. New York’s Pratt Institute charged $46,140 for the 2016–2017 school year. The historically free Cooper Union, against the protests of many students and faculty members, began charging tuition in 2014.

Out of school, few artists sell enough work to survive in the early stages of their career, and many entry-level jobs in New York City’s large and flourishing culture industry pay very little, or even nothing at all. A 2011 study from Georgetown University’s Center on Education and the Workforce found that studio arts majors were among the top 10 majors with the lowest median earnings, highest unemployment rates, highest incidence of part-time work, and lowest average earnings boost from a graduate degree. President Barack Obama was so skeptical of the value of an art history degree he counseled students to study manufacturing instead, despite the rapid disappearance of manufacturing jobs since the 1970s.

At the auction house Sotheby’s, interns make $11.27 an hour, and entry-level jobs like department assistant and administrator pay around $40,000, according to career website Glassdoor. At the Metropolitan Museum of Art, research assistants make around $34,300, according to Glassdoor.

But those early years are key: A 2014 study of Census Bureau data from The Hamilton Project found that fine arts majors are among the lowest-earning graduates, but their earnings trajectory is also among the steepest. Their initial earnings barely surpass $15,000, but more than double within the first five years of their careers, highlighting how critical financial support can be during those early twenty-something years. Art history majors make around $32,000 annually in the first year out of school, according to the study.

Internships, many of which are unpaid, present another barrier. When Guerrero worked at an arts nonprofit making $33,000 a year, two of her colleagues with similar responsibilities were unpaid interns.

Those unpaid internships help perpetuate inequality in the art world, says Tom Finkelpearl, the Commissioner for New York City’s Department of Cultural Affairs, helping those who can afford to work for free get their foot in the door.

“Every time you open the door for an unpaid internship, you’re closing the door on someone else,” says Finkelpearl, who received his MFA from New York’s public Hunter College and who is spearheading a number of initiatives to diversify New York’s cultural landscape.

Last year, the DCA and the City University of New York launched the CUNY Cultural Corps, a $1 million program to place over 70 CUNY students and recent graduates in paid internships across several dozen of the city’s cultural institutions. Corps members will earn $12 an hour and work up to 12 hours per week at places such as the Brooklyn Museum, MoMA PS1, and the Studio Museum in Harlem.

Another New York institution, the Metropolitan Museum of Art, offers approximately 75 paid internships for high school students and 40 paid internships each year to college undergraduates, graduate students, and recent graduates. There are opportunities and funding designated for interns who come from backgrounds underrepresented in the museum community, and every intern is paired with a mentor. High school students also receive a transportation subsidy, intended to remove an often-overlooked barrier to participation.

One position, the Lifchez/Stronach Curatorial Internship, specifically targets students and recent graduates “whose economic background might jeopardize the pursuit of a career in the arts or museum field.” The nine-month program pays $21,000, or less than $16 an hour, plus health and retirement benefits.

Sandra Jackson-Dumont, chair of education at the Met (and the first person in her family to graduate from college), says getting the word out about these programs was as important as funding them.

“Awareness and outreach is still the number one problem,” she says, noting the museum had recently held an event with 500 professors from around 100 New York-area colleges and universities to help them use the museum as a teaching tool and spread the word about internship programs and other resources.

It’s not clear those efforts go far enough, though, in a city where the median rent for a one-bedroom apartment was nearly $2,700 in January 2017, according to real estate website RentJungle. A living wage for a single adult in New York is $14.52 an hour, according to the living wage calculator from the Massachusetts Institute of Technology.

“The rents in New York City have increased substantially, but incomes for artists have not,” says Sharon Louden, an artist, teacher, and the editor of Living and Sustaining a Creative Life (2013), a collection of essays by artists. She points to efforts like the Minneapolis-based Artspace, which builds affordable housing for artists around the U.S., and which opened a space in East Harlem, New York, in 2014.

But Louden said the problem goes deeper than soaring rents. Low earnings across many sectors of the art world stem from Americans’ low esteem of the role culture plays in their lives, she says.

“If there was more value, and more understanding of the function of what the arts can do in society, I don’t think those numbers would occur,” she says. “The public doesn’t realize how [the arts] contributes to their well-being.”

To be sure, some people in the art world certainly do appreciate artists’ value, putting ever-higher price tags on works by certain superstars or long-dead masters.

That’s the part of the art world that Guerrero is keen to avoid. She’d still like to return to the art world, but not at a place where she feels excluded or tokenized.

“I could never work at an art gallery again,” she says, describing an environment “driven by people who cannot imagine or fathom” her life experience. That included her long daily commute to and from the Bronx, not always feeling safe in her neighborhood, or the fact that her father, although loving and supportive, understood little of what her career in the arts entailed. She sees herself at a more socially-oriented institution, such as the Studio Museum in Harlem, or the Caribbean Cultural Center African Diaspora Institute.

“When the right opportunity comes my way, then I will gladly seize it,” she said. “But it has to fit. It has to be right.”

Posted by Patricia Canetti at 3:56 PM

fevereiro 14, 2017

Artista pernambucano Paulo Bruscky é convidado para a Bienal de Veneza por Isabelle Barros, Diário de Pernambuco

Artista pernambucano Paulo Bruscky é convidado para a Bienal de Veneza

Matéria de Isabelle Barros originalmente publicada no jornal Diário de Pernambuco em 7 de fevereiro de 2017.

Evento é um dos mais tradicionais do mundo no segmento e acontece entre os dias 13 de maio e 26 de novembro na Itália

O artista visual pernambucano Paulo Bruscky foi um dos quatro brasileiros escolhidos pela curadora da Bienal de Veneza, Christine Macel, para fazer parte do evento, um dos mais importantes do mundo. Os outros três brasileiros convidados são Ayrson Heráclito, Erika Versutti e Ernesto Neto, que já fez parte da Bienal em 2001. A mineira Cinthia Marcelle, que já expôs no Recife, vai ocupar sozinha o pavilhão brasileiro no evento. No total, 85 países terão suas representações nacionais e vão ocupar um outro pavilhão, o Giardini.

Paulo vai fazer parte da mostra Viva Arte Viva, que acontecerá entre 13 de maio e 26 de novembro deste ano. O artista pernambucano conta quase 50 anos de carreira e é um dos expoentes no Brasil nos mais diferentes suportes: xeroarte, arte-correio, performance, poesia visual, poesia sonora. A experimentação e a liberdade de criação sempre nortearam sua trajetória, que começou a ter reconhecimento nacional e internacional a partir dos anos 2000, quando ele participou da Bienal de São Paulo e tem obras no acervo de museus prestigiados no exterior, como o MoMA, em Nova Iorque, e a Tate Modern, em Londres.

Atualmente, o público pode ver o trabalho do artista na exposição Palarva - poesia visual e sonora de Paulo Bruscky em cartaz até o próximo domingo, 12 de fevereiro, na Caixa Cultural. Em entrevista ao Diario de Pernambuco na ocasião da abertura da mostra, Bruscky falou sobre o que move seu trabalho. “É mais importante saber ver do que fazer. A gente tem de ter os olhos livres e a vontade de ver o que não interessa aos olhos de uma sociedade. Quando as pessoas aprendem a ver, os artistas perdem a função. E, ainda bem, porque isso consome muito a gente. É uma coisa intensa e é a minha vida. A arte não precisa necessariamente existir de forma material, ela fica gravada em sua mente. Tudo é efêmero, por que a arte não pode vir a ser?”.

Posted by Patricia Canetti at 10:23 AM